Este texto de 1981, leído para celebrar los 25 años de la bibliotecapública del Palazzo Sormani de Milán, es a la vez un canto a lalibertad de la mente inquisitiva, un irónico lamento por algunosinveterados vicios de las antiguas bibliotecas y bibliotecarios y untoque de advertencia, por los posibles excesos de la tecnología.