Es dif¡cil precisar la faceta m s preponderante y definida de sanAgust¡n. En cualquier aspecto que se considere, nos asombra su geniopoderoso y la amplitud de su vuelo. Sin dejar de ser nunca el granpensador, que hunde su mirada en todos los problemas de la religi¢n ydel saber, el quehacer que llen¢ toda su vida fue la actividadapost¢lica del predicador sagrado. En instruir y adoctrinar a losfieles de Hipona despleg¢ su celo inagotable, explan ndolesmaravillosamente en todos los tonos, los misterios de la fe y lasverdades del Evangelio.
El genio de san Agust¡n se pliega ala condici¢n de sus oyentes para introducirlos en el conocimiento delas verdades m s altas. Recorre todas las gamas del estilo, desde elm s familiar al m s elevado y noble. Su unci¢n incomparable se prodiga en innumerables recursos para ponerse al alcance de los m signorantes. Sus sermones ser n siempre modelo vivo de predicaci¢nsagrada, de profundidad y sencillez, de gracia expresiva, deexposici¢n catequ¡stica y pedag¢gica.