Garrido no tiene escrúpulos. Hizo que se los extirparan cuando decidió ser paparazzi. Acude al velatorio de un empresario de medio pelo para ver si caza algo que vender y es testigo de una escena que nuncadebió haber visto: la viuda del difunto -una pelirroja voluptuosa-dejándose querer por un desconocido. Dispara su cámara dos veces ysale de allí sin saber la identidad del amante de la pelirroja. Ya ensu apartamento, comprueba que no ha logrado captar la escena, que lasfotos no valen. Ha apretado el disparador demasiado tarde; pero lapelirroja no lo sabe y le ofrece una gran cantidad de dinero y «todolo que quiera». Poco a poco, el paparazzi se va dando cuenta de que el tipo desconocido es alguien con mucho poder.