Non Š vero, troppo vero, ben trovato. Cuando se supo que el emperadorCarlos V se hab¡a prosternado ante Tiziano para recoger del suelo elpincel que a aqu‚l se le hab¡a ca¡do, la ‚poca se qued¢ at¢nita. ®NonŠ vero¯, pensaron muchos. Un siglo despu‚s tuvo lugar una escenaparecida entre otro pintor no menos silencioso y el papa Inocencio X.Tambi‚n Vel zquez pintaba el retrato de uno de los dignatarios m spoderosos de su tiempo. Al mostr rselo ya acabado, parece que elpapa, un hombre viejo y de expresi¢n adusta, dijo con tantaadmiraci¢n como fatalidad y tristeza: ®Troppo vero¯. De ninguna delas dos historias hay constancia documentada, pero ambas se tienenpor verdaderas desde los d¡as remotos en que empezaron a circular. Lade Tiziano es una leyenda que ha pasado a ser verdad, es decir, uninvento historiogr fico, pero que tiene sentido, y la de Vel zquezuna verdad que ha pasado a ser leyenda. No obstante, deben su fortunaal principio de verosimilitud: aunque no hubiesen sido verdaderas,resultar¡an, conociendo la personalidad de los protagonistas, muyconvincentes, haciendo bueno una vez m s el dicho: e non Š vero, Šben trovato. Notemos que en ambas escenas los dos artistas, quegozaron de plena libertad mientras trabajaban, no necesitaron a¤adirnada a las palabras de sus se¤ores. Una buena parte de los episodios¡ntimos o p£blicos que se narran en este libro parecen avenirse al®demasiado verdadero¯, en lo que tienen de calco, claro, no de canon;sobre otros, sin embargo, gravitar el ®no puede ser verdad¯ o el ®noes posible¯, como si fuesen hijos s¢lo de la imaginaci¢n. O sea,troppo vero, ma non troppo, podr¡amos decir. En unos y en otrosparece latir, sin embargo, el £nico impulso de llegar a ser reales,que es, hoy por hoy, el modo tambi‚n m s discreto y silencioso deservir a la realidad sin dejar de ser libres ni verdaderos, como esasdos historias que corren por el mundo desde hace siglos sin que nadietampoco las haya puesto en duda.